La planta de cannabis se ha utilizado por miles de años en distintas culturas alrededor del mundo para distintos fines, entre ellos, la medicina. La planta posee distintos principios activos, denominados Cannabinoides, los cuales en los últimos años han generado una gran expectativa en la sociedad, y donde  su uso terapéutico plantea un debate pocas veces visto en el estudio de otros productos naturales. 

En la actualidad es creciente el número de personas que optan por utilizar el cannabis de manera medicinal para determinadas patologías.

Personas que no encuentran mejoras con tratamientos estándares, madres que buscan alivio para sus hijos, pacientes que encuentran un paliativo a sus dolencias y malestares crónicos, personas que acompañan su tratamiento médico tradicional con una “ayuda extra”… adultos que eligen en pos de la búsqueda en una mejor VIDA. 

Sin embargo, sigue existiendo una gran desinformación acerca del tema. Y aún, en los tiempos que corren, también un notable estigma social sobre el uso del cannabis ya que aún no están claras las reglamentaciones con respecto a su utilización. 

Actualmente en Argentina sólo una pequeña porción de los pacientes que utilizan cannabis medicinal lo hace bajo prescripción y seguimiento profesional adecuado. En su mayoría, se trata de pacientes que se automedican, debido a que no encuentran un respaldo en equipos médicos que los acompañen en el proceso. La  falta de capacitación en el tema o una evidente resistencia social, que sólo se enfoca en los efectos psicoactivos de la planta, ha hecho que el camino sea más complejo de lo que parece para todos los sectores.  

No obstante, en el camino se van vislumbrando profesionales colmados de curiosidad, empatía e interés genuino para ofrecer información sobre estos tratamientos “no convencionales”,  que han tomado cartas en el asunto y dedican hoy gran parte de sus vidas a investigar las cualidades de esta medicación ancestral para poder brindar a la sociedad una mayor información para un uso adecuado.

Hermosas personas me contaron su experiencia.

Poder compartirlas para acercarnos a su realidad.  Personas que hoy eligen al cannabis para mejorar su calidad de vida y la de los suyos.

Fede y Alicia

A Fede y Alicia los conozco ya hace años. Creo en el fondo que ellos fueron el puntapié inicial de por qué comencé este trabajo. He visto personalmente los cambios rotundos en Fede a partir de que comenzaran a recorrer el camino del cannabis medicinal, hace ya 6 años.

Hasta sus 23 años, Fede sufría de convulsiones diarias debido a su epilepsia refractaria. La medicación que le suministraban en ese momento no era suficiente para mermar la cantidad de las mismas. Por el 2014 alguien les recomendó el aceite de cannabis. Alicia le consultó al neurólogo, quien lo atiende desde los 3 meses, y les dio vía libre, sin dejar de lado el resto de la medicación que él ya venía tomando. Comenzó usando uno de muy buena calidad, pero luego ya no lo pudo conseguir. Con esa primera experiencia Fede estuvo un mes completo sin convulsionar, algo que, según Alicia, no había pasado nunca hasta ese momento. Su calidad de vida ha mejorado ampliamente. Alicia recuerda los años en que usó un “casquito de bici” para amortiguar los golpes. Sus caídas y posteriores cortes en la cabeza eran de tal magnitud que aún hoy se puede ver en Fede las secuelas.“

«Cuando comenzamos con el cannabis comenzó a reírse, participar en el ambiente familiar, estaba mucho más conectado a su entorno. Antes de eso parecía una persona triste, amargada” dice Alicia. Sus convulsiones bajaron a cero, solo se presentan antes una emoción intensa o algún episodio eventual.

Los observo intercambiar miradas cómplices, y que, si uno está atento, percibe. Están conectados, y no puedo dejar de pensar en lo bien que está ahora. “El neurólogo me dijo que había que conseguirle CALIDAD DE VIDA, porque para esto no hay cura. Lo que intentamos como familia, es que él esté bien y feliz, y que lo que pueda vivir, lo viva bien.»

Silvia

Silvia es una mujer de amplísima sonrisa, tanto, que tuve la impresión que su sonrisa iba iluminando todo el pasillo que conduce a la cocina aquella primera visita. Pareciera increíble que una mujer con su historia pudiera desprender tanta alegría en su andar.

Silvia comenzó a utilizar Cannabis en 2017 cuando una gran crisis de depresión y los fuertes dolores que le provocaban su artrosis la llevaron a buscar una solución que no encontraba en la medicación tradicional. Ella llegó a la medicación por recomendación de alguien que lo había usado y había notado grandes cambios en su enfermedad. Decidió, como la mayoría, “probar” y ver si funcionaba con sus dolores.

“Lo empecé a tomar y hubo un cambio muy notorio. Con el correr de los días los dolores fueron mermando cada vez más. No tomé más antiinflamatorios. Cuando tuve la oportunidad de tomarlo seguido y no cortar el tratamiento de cannabis, los dolores fueron otros. Hay molestia, pero no tenés ese dolor que no te deja ni respirar. Me mejoró también el ánimo porque ya no sentís ese dolor intenso permanente, esa angustia…”

Silvia cuenta que hay períodos donde no es fácil conseguirlo (ya sea por escasez, por baja calidad o por elevado precio), momento en el cual los dolores vuelven a aparecer. “Cuando no tuve probé con otros aceites, pero no funcionaron igual. La calidad se nota.”

Ella coincide, como muchos otros, que socialmente sigue existiendo resistencia social ante el uso de cannabis medicinal. Y resume en lo que se necesita es información antes que el prejuicio, y mucha empatía. “Si la gente supiera sería distinto… porque realmente tiene muchos beneficios. Por supuesto que sirve para muchas cosas, no sólo para esto, pero hay mucha gente a la que le ha hecho muy bien cuando no encontraba salida con otras cosas”.

Gabi

Es domingo de otoño, y corre una brisa muy cálida, como Gabi. Me recibe al llegar a su casa con un abrazo como si nos conociéramos de toda la vida. Alcanzo a escuchar una música suave de fondo mientras vamos a la cocina. Mientras prepara el mate vamos charlando acerca de su vida y por qué la elección por el cannabis.

Gabi tiene 25 años, y comenzó con aceite algún tiempo antes de su diagnóstico de VIH positivo (hace 3 años). Ya lo había utilizado para sus estados de ansiedad y le había funcionado maravillosamente, de modo que cuando tuvo conocimiento de su enfermedad, no dudó de seguir utilizándolo. Gabi me cuenta que el cannabis aportó mucho en el tratamiento junto con los antirretrovirales.

“El cannabis me ayuda a descansar mejor, a tener mejor ánimo, me ayuda con el tema de la comida. También a tener más contacto con mi cuerpo. Si estoy mejor en estos ámbitos mi salud está mejor y mi cuerpo con mayores defensas. Me ayuda con esos estados de ansiedad/depresión”.

Gabi me cuenta que en este momento está sin aceite, y lo observo sacar un frasquito de la repisa con “flores” para armar un “faso”, labor que realiza con una dedicación sorprendente. Se acerca a la ventana y lo enciende. Sus gestos cambian casi al instante. “A partir de la cuarentena se complicó conseguir aceite, sobre todo de calidad, y en los momentos que estoy sin aceite, fumo. También porque sé que lo que fumo es de calidad, son “flores buenas” que me regalaron. Cuando consigo aceite, sigo con el aceite. Al momento de decidir, elijo acompañar la medicación con cannabis, realmente me hace muy bien. Sino mirame”… y me sonríe.

Adriana

Adriana es una mujer de porte seguro. Nos encontramos a orillas del lago para charlar. Ella dice que es el lugar donde siente paz.

Comenzó hace 5 años con el tratamiento de cannabis medicinal para su artrosis. Ya había probado toda la medicación tradicional que le habían recetado para sus dolores, pero seguían persistiendo. Escuchó hablar sobre los beneficios del cannabis en una charla que brindaba un profesional vinculado al área de salud. Al final de la charla, podías acceder, si deseabas, a la opción de comprar las gotas. Ella se llevó unas especialmente indicada para su artrosis, con la prescripción para su dolor: 4 gotas por la mañana y 4 por la noche antes de acostarse. Era por las noches donde su dolor era más fuerte, donde tenía que levantarse varias veces para intentar calmarlo.

“La primera noche que las tomé, me desperté al otro día a las 8 de la mañana sin haberme despertado en toda la noche. No lo podía creer. No me dolía nada y estaba descansada”.

Dice que además de desaparecer los dolores, se sentía feliz porque podía dormir. Llevaba años sin poder descansar por causa de los fuertes dolores, y por primera vez, lograba el descanso.

“Tomé una año esas primeras gotas. Luego dejaron de conseguirse. Estuve un año sin tomarlas. Los dolores fueron apareciendo nuevamente, por lo que comencé a buscar en otros lugares para conseguir las gotas”. Fue probando con diversos proveedores, donde encontró gotas de diferentes calidades y precios. Volvió a dar con unas que funcionaban muy bien. “Me lo dijeron desde un principio, a mi las gotas no me curan NADA, pero sí tengo otra vida, ya no siento dolor, puedo andar mejor, puedo descansar, puedo estar bien. Elijo calidad de vida”.

Fausto y Marita

Conocí a Marita, la mamá de Fausto, hace muchos años atrás. Habíamos cruzado algunas palabras un par de veces. No fué sino hasta este encuentro que nos “encontramos”. El abrazo inmenso que me dió al llegar a su casa lo dijo todo.

Fausto tiene 12 años y hace 5 que usa cannabis medicinal. Marita comenzó este camino a partir de la sugerencia del neurólogo de Fausto, para acompañar su medicación tradicional y complementar tratamiento con aceite de cannabis. Fausto tiene epilepsia refractaria. Marita cuenta que desde que comenzó con el tratamiento, la intensidad y frecuencia de sus convulsiones bajaron.

“Las convulsiones no se le fueron del todo. Sigue teniendo, pero hubo una notoria mejora. Eran muchas y muy fuertes. Ya no le quedaba parte del cuerpo sin lastimar cuando se caía en los episodios de convulsión”.

Mientras me está diciendo esas palabras, lo miro a Fausto y veo una tremenda cicatriz en el mentón.

“Eso es de esas caídas fuertes. Ya pensar en no tener que salir corriendo al médico cada vez que se cae por una convulsión es un alivio. Además todo su estado general es mucho mejor: se lo nota más conectado con el ambiente familiar, más participativo, descansa mejor. Si él descansa, todos en casa podemos también descansar mejor. La rutina con Fausto es muy agotadora, y que él esté mejor, nos favorece a todos”.

En el caso de Fausto, la mutual le cubre la medicación por discapacidad.

“Buscamos y encontramos calidad de vida con cannabis. Todo se ha vuelto mucho más fácil. El Cannabis no deja de ser una medicación. Cuando noté desequilibrios en el cuerpo de Fausto, fue necesario bajar dosis que a él le resultaron excesivas. Siempre es importante volverlo a observar como una personita que posee sueños, iniciativas, ganas de jugar, de aprender, de sorprenderse ante la vida misma. Este enfoque es útil para evitar desviarme de mi rol de madre. ”

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