Los propios y los ajenos, desnudos, carentes de sentido los pies vestidos, cubiertos, ocultos.
El equilibrio que a veces se me hace tan vital, la necesidad imperiosa de conectar con lo que, para mí, son las raíces, mi suelo fértil, y crecer.
Desnudos porque la piel me estremece, porque siento las texturas en la planta de mi ser, y de allí aspiro a caminar, detenerme o volar.
El origen del camino (o los caminos), tal vez…


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